Fue mi padre el que despertó en mi la afición por la fotografía, Él con su maquina de bakelita, un mecanismo de lo más simple y película de papel en formato 120, fue el que me enseño, que no era tan importante lo buena que fuese la cámara, como la capacidad del fotógrafo para “ver” la fotografía.
Las imágenes de la cueva de Las Maravillas fueron compradas en la tienda que hay a la entrada, ya que en el año 79 no se permitía tomar imágenes en el interior.
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